¡Feliz Año Nuevo! El eterno y necesario mirar atrás



La creación del hombre según los Mayas, descrita en el Popol Vuh (su libro sagrado), dice más o menos así:

Cuando el mundo fue creado, se puso un pilar en el cielo, que era el árbol blanco de la abundancia, al norte; después, el árbol negro de la abundancia fue puesto al oeste; luego, el árbol rojo de la abundancia fue puesto al este y el árbol amarillo de la abundancia fue puesto en el sur. Finalmente, el gran árbol verde de la abundancia fue puesto en el centro.

Cuenta la leyenda que dos hermanos, que eran gemelos muy hábiles en el tradicional juego de pelota, molestaban con su ruido al jugar a los dioses del Xibalbá, quienes los retaron a un torneo. Los dioses vencieron a los gemelos, los sacrificaron y sepultaron sus cuerpos debajo del campo de juego. La cabeza de uno de ellos, Hun Hunahpú, fue colgada de un árbol que producía calabazas con forma humana. Una diosa llamada Xquic oyó hablar del extraño árbol y decidió ir a conocerlo. Cuando se acercó a él, la cabeza de Hun Hunahpú le escupió en la mano, fecundándola. Así concibió a Hunahpú y Xbalanqué, conocidos como los Héroes Gemelos. Con el tiempo se convirtieron en jugadores como su padre y su tío. Los dioses los convocaron al Xibalbá y los vencieron en el campo de juego, molieron sus huesos y los esparcieron en un río, donde los gemelos renacieron, primero como peces y luego como actores itinerantes.

Al regresar al Xibalbá, para tomar venganza, urdieron una trampa: tras interpretar diversos números asombrosos, Xbalanqué decapitó a Hunahpú y volvió a colocarle la cabeza. Los dioses, encantados con el espectáculo, les rogaron que los decapitaran y les devolvieran la vida también a ellos. Los Héroes Gemelos simularon obedecer y procedieron a decapitar a los dioses. Al final lograron consumar su venganza: se negaron a recomponer sus cuerpos y los derrotaron para siempre. Así fue cómo triunfó el bien sobre el mal, y el mundo estuvo preparado para la creación de los seres humanos. Xbalanqué y Hunahpú emergieron del Xibalbá como el sol y la luna -dones para los mayas- y se elevaron al cielo. Cada día reinterpretan su viaje al mundo del Más Allá y su jubiloso retorno.






La creación del mundo actual y la humanidad, fue solo un acto en el ciclo eterno de nacimiento, muerte y renovación. Los ciclos de las estaciones y las estrellas en sus recorridos, son reflejos de ésta danza cósmica.

Antes de que crean que nos estamos volviendo esotéricos, queremos rescatar para este cambio de año y de década esta última frase, que caracteriza al pensamiento maya, y traerla a nuestras vidas. Muchas veces pensamos que podemos olvidar descaradamente lo que hicimos o lo que vivimos, y hacer el típico "borrón y cuenta nueva". Pero la verdad es que somos un continuo que sólo se inicia cuando nacemos y que se termina cuando morimos. Cortar nuestra vida en trozos que no queremos recordar, aunque en realidad nunca llegamos a olvidar, a veces parace, por no decir que es, un trabajo inútil.

Y lo que pasa es que al olvidar dejamos de ser, de alguna manera. Para olvidar debemos transformarnos en algo que no somos, pues lo que nos hace uno son nuestros recuerdos (pasado) y nuestros proyectos (futuro) conviviendo (presente). Como dice Unamuno, lo que hace que un hombre sea uno y no otros, es un principio de unidad (en el espacio, a través del cuerpo) y continuidad (en el tiempo, por una serie continua de estados de conciencia). Y lo único que certifica esta continuidad es la memoria. Y si rompemos esa sucesión, aunque sea mínimamente, de alguna manera renunciamos a nuestro futuro para ser "otro".

Quizás escribo todo esto porque ese "borrón y cuenta nueva" me ha traído algunos malos momentos a mi vida. Últimamente me he dado cuenta que si uno camina, mirar atrás no es un signo de debilidad. Al contrario: uno puede ver con claridad todo el camino recorrido, las huellas que va dejando en el sendero y sus alrededores, y puede juntar más fuerzas para mirar adelante y seguir caminando. Dar un paso adelante implica que se dio un paso antes y que se dará uno después.

Vivir en el pasado es deprimente, pero vivir sin pasado es desolador. Por ello, miremos todo lo que hicimos este 2010, todo lo que hicimos esta década del 2000, y todo lo que hemos vivido en en S. XX: porque si sabemos ver y aceptar el pasado, podremos vivir con más claridad lo que nos depara el futuro.





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Saludos a todos.

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